El blog de Moebius

9Jun/110

Monasterio de Pedralbes, Barcelona

Fundado por rey Jaime II y su esposa Elisenda de Moncada en 1326.  Se trata de un conjunto de monumentos de estilo gótico.  La reina Elisenda de Montcada (1292? -1364),  había manifestado la voluntad de fundar un monasterio de clarisas. La operación comenzó con la obtención,  a tal fin, de la oportuna licencia del papa Juan XXII.  Inicialmente se hizo una donación de una finca de Valldaura,  pero la misma Elisenda adquirió en 1326 unos terrenos en el lugar de Pedralbes,  el lugar donde todavía se encuentra el monasterio,  quizás para dar más seguridad a la comunidad que,  a pesar de estar apartada de la ciudad,  no se encontraba aislada y quedaba cercana a Sarrià.  Se puso la primera piedra aquel mismo año y en 1327 ya se pudo inaugurar.  Aquella primera comunidad estaba formada por catorce religiosas que procedían del monasterio de San Antonio y Santa Clara de Barcelona.

El conjunto comprende iglesia y monasterio que gira en torno un espacioso claustro de tres plantas y en torno a el se sitúan las estancias principales.

La iglesia de Pedralbes consta de una única nave y está presidida por un retablo gótico elaborado por Jaime el Huguet.  El claustro,  alrededor del cual se ordena el monasterio,  tiene tres pisos de altura y una longitud de 40 metros.  Está formado por amplios arcos que se apoyan sobre numerosas columnas.  Los capiteles está decorados con el emblema de los reyes de Aragón y el de la Casa de Moncada.

Contiene numerosas obras de arte,  objetos litúrgicos y mobiliario que la comunidad de clarisas,  iban recogiendo durante los siglos de permanencia en el monasterio.  También destaca la capilla de San Miguel en la que se pueden ver diversas pinturas murales de la Pasión y de la Vida de la Virgen de Ferrer Bassa.  En 1993 una zona del monasterio fue cedida a la ciudad y desde entonces alberga parte de la colección pictórica Thyssen-Bornemisza.

Las bodas, antiguamente se celebraban fuera de la iglesia,  al aire libre,  en el atrio del edificio,  por lo que contar con un buen tiempo era muy deseable.  Además,  la presencia de eventos meteorológicos ajenos a lo que se consideraba buen tiempo estaban penados con una terrible carga supersticiosa.  Hoy sabemos que la superstición es un vano presagio sobre cosas fortuitas,  pero hace siglos,  la presencia de lluvia en una boda se tenía como augurio de desgracias para la nueva familia que haría llorar a la novia durante el resto de su vida.
La novia era quien se encargaba de llevar una docena de huevos al monasterio de clarisas más cercano y encargar a las religiosas que pidieran expresamente a Santa Clara la gracia del buen tiempo,  sin lluvia,  en el día de su matrimonio.

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